El cambio que tu hijo/a necesita empieza contigo.
Tu hijo cae en una crisis por algo que parece insignificante: el plato equivocado, un cambio de planes, la tarea, una petición sencilla… y, en cuestión de segundos, ya te enganchaste con él en el drama.
Sientes el corazón acelerado; tu voz sale más dura de lo que querías; intentas mantener la calma, pero tu cuerpo ya está reaccionando como si hubiera una amenaza, igual que el suyo.
Y más tarde, cuando por fin te acuestas, vuelves a revivirlo todo: lo que dijiste, lo que debiste haber dicho, la ola de culpa cuando ves lo rápido que todo se salió de control.
Has intentado poner límites más firmes; has intentado ser más paciente; has leído libros; probado estrategias; llevado a tu hijo a terapia. Todo lo que se recomienda hacer en casos como este y aún así, las mismas discusiones siguen repitiéndose. Y lo que más te confunde es que fuera de la situation con tu hijo, eres una persona competente y capaz, eres esa persona en la que todos saben que pueden apoyarse. Sin embargo esto se siente imposible.
Esto es lo que sé después de años de trabajar con mujeres como tú: aquello que has estado intentando cambiar en realidad no es el problema. Su comportamiento es una respuesta al estrés y ese estrés no viene únicamente de la escuela o de las exigencias del día a día, también viene de la dinámica entre ustedes dos.
No porque seas una mala madre, no porque lo estés haciendo mal sino porque tienes un hijo que nació con un sistema nervioso mucho más sensible que lo normal que se regula en sincronización con el tuyo. Nota tu tono de voz, tu lenguaje corporal, la tensión que llevas dentro aunque pienses que la estás ocultando, todo lo registra y lo procesa.
Entonces, cuando tú entras en pánico e intentas controlar la situación para calmar tu propia ansiedad, tu hijo se desregula; cuando tu sistema nervioso se siente amenazada, el suyo responde igual.
Sientes que estás perdiendo el control de la situación, pero en realidad, el momento en que tú empiezas a perder el control es el momento en que el sistema nervioso de tu hijo interpreta que no está seguro y entra todavía más en modo supervivencia.
Has estado intentando corregir y controlar el comportamiento de tu hijo, cuando la raíz del problema va mucho más profundo. Pero el comportamiento es el síntoma de algo más no la causa. Y a lo mejor en cierto nivel, esos retos también te resultan conocidos: la intensidad; la sensibilidad; la ansiedad. La diferencia es que tú has pasado toda una vida aprendiendo a contener; a funcionar y a seguir adelante. Lo has hecho tan bien que casi nadie se dio cuenta… ni siquiera tú. Hasta que tu hijo llegó a revelar esa parte de ti que no habías reconocido.
Como ya has de saber, soy mamá de tres jovenes adultos increíbles y Coach certificada por diversas organizaciones. Hace años descubrí que la manera en que yo me presentaba en mis relaciones cambiaba por completo esas relaciones. Cuando dejé de intentar controlar y arreglar a los demás, y empecé a acercarme desde la conexión y la curiosidad en lugar de la certeza, todo cambió. Más adelante empecé a trabajar con madres de hijos con TDAH, ansiedad y otros desafíos similares. Vi el mismo patrón una y otra vez: niños y niñas super sensibles, intensos, que experimentan emociones gigantes, con poca tolerancia a la frustración, con ansiedad y desafiantes y papás tratando de controlar y «arreglarlos».
Cuando los papás dejan de ver a su hijo como un problema que resolver y empiezan a reconocer su papel en las dinámicas disfuncionales, allí es cuando las cosas mejoran. Allí es donde se genera la posibilidad de crear una relación de confianza sobre la cual se puede colaborar para resolver problemas en conjunto. Ese es el trabajo real y es lo que hacemos en el Método Crianza con Confianza. Un acompañamiento de ocho semanas que empieza contigo, no con tu hijo.
A lo largo de seis módulos de videos cortos entenderás qué está ocurriendo realmente detrás del comportamiento de tu hijo; cómo funciona su sistema nervioso y el tuyo; la razón por la cual tu propia regulación - y por ende una relación de confianza - son la base sobre la que se construye todo lo demás; las dinámicas que definen la relación; cómo conectar y escuchar y cómo resolver problemas en colaboración.
Y para aplicar lo que estás aprendiendo a la vida real y a tu familia en especifico, cada semana nos reunimos para coaching en un grupo pequeño de no más de seis personas por Zoom.
Aprenderás a reconocer los pensamientos que disparan tu ansiedad,
Aprenderás a reconocer las creencias que mantienen vivo el miedo
Aprenderás lo que realmente necesitas para recuperar la calma.
Aprenderás a estar presente con lo que tu hijo necesita en lugar de reaccionar en automático.
Aprenderás estructuras para resolver problemas en colaboración con tu hijo en lugar de luchar contra él.
Después de ocho semanas, las cosas no serán perfectas, pero sí diferente. Esto es lo que las madres suelen notar:
Más calma en su ser y en su casa porque entienden mejor qué está pasando detrás del comportamiento
Aleccionan, juzgan e inclusive hablan menos, pero conectan más con tus hijos
Sienten una energía más ligera y libre en si mismos
Sienten la capacidad de dejar de cargar con las emociones de sus hijos como si fueran propias.
Menos explosiones emocionales y, cuando ocurren, de menos duración.
Más confianza para afrontar los momentos difíciles en general
El curso incluye:
✅ 8 semanas de acompañamiento enfocado en aplicar lo que estás aprendiendo a tu situación única.
✅ 6 módulos centrados en construir la relación desde la cual tu hijo/a puede desarrollarse
✅ Sesiones semanales en vivo por Zoom en grupos pequeños (máximo 6 mamás)
✅ Grabaciones de todas las sesiones
✅ Acceso a la comunidad privada de Whatsapp para compartir dudas y celebraciones
• Empezar a notar lo que sí está funcionando
Definir metas claras y alcanzables
• Resolver tus dudas y preocupaciones
• Repasar y poner en práctica las herramientas clave del curso,
• Reconocer cada logro, por pequeño que parezca.
Todo esto dentro de un espacio sin juicios, acompañado de otros padres que entienden exactamente por lo que estás pasando porque viven lo mismo.
Un apoyo real y constante, que te sostiene incluso en medio del caos.
• Juicios o críticas: sabemos que el estrés bloquea la capacidad del cerebro para entender, reflexionar y encontrar soluciones creativas. Por eso, en los grupos pequeños nunca sentirás juzgada ni criticada.
• Fórmulas mágicas: criar a un niño/a con retos como el TDAH (o cualquier niño/a en realidad) es un proceso, no existe una solución única que funcione para todos. Aquí avanzamos paso a paso, construyendo mejoras reales y sostenibles.
**Este curso no es para ti si estás en una situación de emergencia clinica.
Crianza Con Confianza: El siguiente grupo inicia: